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La
hipertensión arterial (presión arterial elevada) es una enfermedad crónica,
asintomática (en la mayoría de las personas) y de consecuencias graves,
incluso mortales o incapacitantes, ya que constituye uno de los factores
de riesgo más importantes para la aparición de enfermedad de las
arterias coronarias y una de las principales causas de insuficiencia
cardiaca, insuficiencia renal y enfermedad cerebrovascular.
A la
hipertensión se le ha dado el nombre de “el asesino silencioso”,
debido a que los pacientes con esta enfermedad generalmente no presentan síntomas,
pero en forma “silenciosa” se van dañando las arterias de órganos
vitales como el corazón, el cerebro, ojos
y riñones, hasta que se presentan las primeras manifestaciones clínicas
cuando las complicaciones por el daño a estos órganos ya son severas e
irreversibles.
A pesar
de que la hipertensión contribuye a la aparición de estas enfermedades,
es frecuente que se descuide tanto su detección como su tratamiento,
debido principalmente a que la hipertensión suele mantenerse asintomática
hasta que aparecen sus complicaciones y el tratamiento debe mantenerse
durante toda la vida.
La
detección de la hipertensión comienza con una medición adecuada de la
presión sanguínea obtenida en cada encuentro con el médico. Los
pacientes con hipertensión presentan cifras de presión arterial por
arriba de las cifras establecidas como “normales” (presión sistólica
> 139 mmHg y presión diastólica > 89 mmHg).
Por todo
lo anterior, resulta muy conveniente que todas las personas mayores de 35 años
(y más aún, aquellos con otros factores
de riesgo asociados tales como
obesidad, tabaquismo, inactividad física, etc.) acudan a efectuarse
chequeos periódicos que permitan descartar o por el contrario, hacer una
detección oportuna de hipertensión arterial. Asimismo, es
muy importante que los pacientes que ya han sido identificados como
hipertensos, reciban una vigilancia médica periódica y sean constantes en
el tratamiento que su médico les ha indicado, a fin de que sus cifras de
presión arterial se mantengan en niveles controlados, y reducir con esto el
riesgo de complicaciones cardiovasculares.
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